Psicología Humanista

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Psicología Humanista – Introducción
La psicología humanista, como todos los aspectos de la cosmovisión humanista secular, está fuertemente influenciada por sus suposiciones sobre la teología, la filosofía, y la biología. Los psicólogos líderes humanistas seculares comienzan con la suposición de que un Dios personal es un mito, y de que simplemente somos producto de la generación espontánea y de miles de millones de años de evolución. La filosofía naturalista encaja perfectamente con estas dos primeras suposiciones.

Debido a que los humanistas seculares niegan la existencia de lo sobrenatural—incluyendo a la mente, el alma, y la personalidad en cualquier sentido significativo—sólo les queda el estudio de las cosas estrictamente materiales: el cerebro, los estímulos ambientales, y las respuestas humanas palpables a esos estímulos. El monismo es la creencia de que sólo existe una realidad básica y fundamental, que toda existencia es ésta única realidad. El monismo psicológico es la creencia de que la mente forma parte del cuerpo material. La rama de la psicología que tiene que ver únicamente con tales datos materiales es llamada conductismo. Los conductistas creen que todo pensamiento humano y personalidad son simplemente sub-productos de las interacciones físicas del cerebro. Para ellos, la psicología es la ciencia de la conducta—entendiendo cómo los estímulos físicos estimulan a nuestros cerebros y cuerpos físicos a comportarse.

Los humanistas seculares que son consecuentes con su cosmovisión deben adoptar el conductismo. Si lo sobrenatural no existe, entonces la psicología admite sólo lo natural. Lógicamente, entonces, los humanistas seculares deben ser conductistas.

En la práctica, sin embargo, pocos humanistas seculares aceptan el conductismo. La razón es sencilla: el conductismo es una teoría embrutecedora que nos reduce a meros autómatas. La teoría conductista no contempla la libertad humana, porque la suprema libertad personal debe estar basada en la voluntad, en el alma, o en la mente. Según el modelo conductista, somos simplemente físicos, así que nuestra conducta es dictada por nuestro entorno físico. Esta no es una teoría atractiva, tampoco parece corresponder con nuestra experiencia diaria. Por esto, los psicólogos humanistas abandonan la lógica y las consecuencias de su naturalismo evolucionista ateo.

La mayoría de los humanistas seculares llaman a su psicología, psicología de "tercera fuerza," porque no están dispuestos a adoptar el conductismo ni el freudianismo, el otro modelo popular. Por una parte, ellos rechazan el conductismo porque destruye su concepto necesario de libertad. Por otra parte, rechazan el freudianismo porque se enfoca demasiado en el individuo apartado de la sociedad. Insatisfechos con estas dos ramas de la psicología, los humanistas seculares crearon una tercera.

Psicología Humanista – ¿Somos Buenos o Malos?
La psicología humanista es resumida por Carl Rogers de la siguiente manera: ""En cuanto a mí, aunque estoy muy consciente de la increíble cantidad de conducta destructiva, cruel y malévola en el mundo de hoy—desde las amenazas de guerra hasta la violencia insensata en las calles—no creo que esta maldad sea inherente a la naturaleza humana."1

Rechazando la creencia cristiana de que somos criaturas pecadoras, los psicólogos humanistas seculares proclaman enfáticamente nuestra bondad innata—nosotros no poseemos ninguna naturaleza pecadora, ningún pecado original. Abraham Maslow escribe: "Que yo sepa, nosotros simplemente no tenemos ningún instinto intrínseco para el mal."2 Carl Rogers dice casi la misma cosa: "Yo veo a los miembros de la especie humana como miembros de otra especie, como esencialmente constructivos en su naturaleza fundamental, pero dañados por su experiencia."3 Paul Kurtz nos ve como "perfectibles."4

Esta descripción de nuestra condición es tan incompatible con la visión cristiana, que los humanistas seculares se sienten obligados a atacar la doctrina del pecado original. Algunos llegan hasta a re-interpretar la Biblia para retorcer el concepto de la caída en el pecado. Erich Fromm afirma: "La interpretación cristiana de la historia del acto de desobediencia del hombre como su "caída," ha oscurecido el significado claro de la historia. El texto bíblico ni siquiera menciona la palabra 'pecado;' el hombre desafía el poder supremo de Dios, y él puede desafiarlo, porque potencialmente es Dios."5

Aún así, otros psicólogos humanísticos eligen atacar la toda la visión cristiana en un intento de evadir el concepto del pecado original. Wendell W. Watters escribe: "Al cristiano se le ha lavado el cerebro para creer que nació malvado, debe sufrir como Cristo sufrió, y sin embargo, debe aspirar a un nivel de perfección humanamente imposible."6 Según Watters: La confusión y la culpa amontonadas sobre los cristianos promueven enfermedad mental: "Un verdadero cristiano siempre debe estar en un estado de tormento, ya que él o ella nunca pueden estar realmente seguros de que Dios los ha perdonado . . ."7

Claramente, la psicología humanista secular no se siente cómoda con el concepto bíblico del pecado original, principalmente, porque la doctrina proporciona una razón para la existencia del mal en el mundo. La psicología humanista, debido a su insistencia en la bondad innata de la humanidad, no puede contestar fácilmente la pregunta del mal, aunque al mismo tiempo no puede negar que el mal existe (guerras, crimen, abuso, etc.).

Psicología Humanista – ¿Es Científica?
Los humanistas seculares creen que su psicología humanista está basada en una cosmovisión realista, basada en la ciencia, como sugiere Maslow. Sin embargo, no es ni científica, ni práctica. Los humanistas seculares, por lo tanto, procuran redefinir la ciencia para hacerla lo suficiente amplia para incluir su psicología. Justifican la nueva definición señalando el fracaso de los modelos psicológicos existentes para ayudarnos a entender nuestra naturaleza. May se queja: "Hoy sabemos mucho sobre la química corporal y sobre el control de enfermedades físicas; pero sabemos muy poco acerca de por qué las personas odian, por qué no pueden amar, por qué padecen ansiedad y culpa, y por qué se destruyen entre sí."8

Los humanistas seculares creen que su psicología explica por qué actuamos de la manera que lo hacemos, y por lo tanto, es científica. Rogers cree que la verdadera ciencia "explorará los mundos privados de los significados personales íntimos, en un intento de descubrir allí relaciones lícitas y ordenadas. En este mundo de significados íntimos ella puede investigar todas las cosas que no tienen sentido para el conductista—propósitos, objetivos, valores, elección, percepciones del yo, percepciones de otros, las conceptualizaciones personales con las que construimos nuestro mundo, las responsabilidades que aceptamos o rechazamos, todo el mundo fenomenal del individuo con su tejido conjuntivo de significado."9

Sin querer hacerlo, la definición humanística de estudios científicos, tales como aquellos enumerados por Rogers, le permite llamarse científica, no solamente a la psicología humanista, sino también a todas las religiones importantes, incluyendo al cristianismo. Explorar los "significados personales íntimos" es un objetivo de todas las religiones importantes.

Psicología Humanista – Conclusión
El libro de Joyce Milton, The Road to Malpsychia: Humanistic Psychology and our Discontents10 relata el fracaso práctico de la psicología humanista secular, mostrando cómo actuó en las vidas de algunos de sus principales defensores y primeros profesionales. El título es revelador—mal psychia significa mala psicología.

Por ejemplo, Milton revela que Timothy Leary, de la universidad de Harvard, tenía relaciones sexuales rutinariamente con sus pacientes, tomaba psilocybin y LSD, les daba drogas a sus propios estudiantes, y contemplaba la meta de iniciar a cuatro millones de norteamericanos en el uso de LSD. Milton dice acerca de Donald Clark que él "estaba completamente preparado para revolucionar la educación, acabar con el sentido de modestia de los niños acerca de sus propios cuerpos, y celebrar la "desviación.'"11

Milton también escribe que Carl Rogers experimentaba tantos problemas con sus Grupos de Encuentro que su colega Bill Coulson finalmente concluyó: "la psicología humanística no estaba resolviendo nada. De hecho, estaba creando nuevas patologías que no habían existido antes. La terapia era la enfermedad."12

El libro informa cómo Abraham Maslow tenía problemas para aceptar la existencia del mal. Milton explica: "Frank Manuel, su mejor amigo en la facultad de Brandeis, le había advertido a Maslow, ya para 1960, que su incapacidad para justificar la presencia del mal en el mundo era potencialmente un error fatal en su tentativa de construir una 'religión de naturaleza humana.'"13

Al revisar el libro de Milton para National Review, Paul C. Vitz, profesor de psicología de la Universidad de Nueva York, concluye: "El lector debe comprender que las historias de estas vidas amorales y desordenadas no son sólo anécdotas: Más bien, son directamente relevantes para las teorías de estos psicólogos. Cuando un teórico propone una respuesta a la pregunta de cómo podemos vivir bien, la vida del teórico ofrece una evidencia valiosa. En el caso de estos caracteres en el buen libro de Joyce Milton, la conclusión es tan triste como obvia: Psicólogo, curaos vos mismo."14

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Notas:
Presentado con autorización del libro: Understanding the Times: The Collision of Today’s Competing Worldviews (Rev. 2nd ed), David Noebel, Summit Press, 2006. Cortesía de John Stonestreet, David Noebel, y del Christian Worldview Ministry en Summit Ministries. Todos los derechos reservados en el original.

1 Carl Rogers, “Notes on Rollo May,” Journal of Humanistic Psychology (Verano de 1982): 8.
2 I. David Welch, George A. Tate, and Fred Richards, ed., Humanistic Psychology (Buffalo, NY: Prometheus Books, 1978), 11.
3 Rogers, “Notes on Rollo May,” 8.
4 Paul Kurtz, et al., “Credo,” The Humanist (juilio/agosto. 1968): 18.
5 Erich Fromm, You Shall Be as Gods (New York, NY: Holt, Rinehart and Winston, 1966), 7.
6 Wendell W. Watters, “Christianity and Mental Health,” The Humanist (nov./dic. 1987): 32.
7 Ibid., 10.
8 Rollo May, Psychology and the Human Dilemma (Princeton, NJ: D. Van Nostrand Company, 1967), 188.
9 Arthur Koestler y J.R. Smythies, ed., Beyond Reductionism (New York, NY: Macmillan, 1970), 252.
10 Joyce Milton, The Road to Malpsychia: Humanistic Psychology and our Discontents (San Francisco, CA: En counter Books, 2002).
11 Ibid., 150.
12 Ibid., 152.
13 Ibid., 171.
14 National Review (2 de septiembre del 2002): 46.



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